lunes, 25 de abril de 2011

Quiéreme...

Quiéreme, susurró al fin, desde su confín de marfil. Nadie podía oírla, ni tocarla ni sentirla. Y así huyó, se escabuyó entre el murmullo de sus gentes, inocentes, de sus más oscuros secretos confidentes. Nadie la entendía, nadie sabía cómo podía vivir tanto y soportarlo día a día. Monotonía, osadía, amor no correspondido, sueños perdidos en el olvido. entre el asfalto o un infarto, quién sabe si el futuro de nosotros ya está harto. Pronto cesará, de nuevo acabará esta historia, de mil penas y ni una gloria, como una noria, siempre dando vueltas , sin llegar al cielo, vuelo, ella consigo misma tuvo un duelo y creyó que que hacía lo correcto. De nuevo ella se equivocó, pues él era de todo menos sincero pero, el dolor de ambos era cierto, eterno, cuando llegaron a ese ugar negro ninguno podía creerlo.
Ellos nunca lo dirían, pero en el fondo se querían.

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